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VENCER LA PEREZA
TÚ VALES MUCHO
Se suele aplazar lo que se percibe como difícil o negativo, lo que requiere un esfuerzo. Para abandonar este hábito, cuanto antes empieces mejor.
Cuando dejamos algo para mañana, por lo general, estamos anticipando el lado negativo: “tengo que hacer algo que no me gusta”. Este pensamiento es negativo; ya que al acentuar lo desagradable y omitir los posibles beneficios, puede hacer que pospongas la acción.
Normalmente se posponen las cosas que más cuestan, quizá porque valoramos más las consecuencias inmediatas de lo que hacemos que los efectos a medio o largo plazo de nuestra acción.
Este modo de comportamiento suele evidenciar un cierto miedo a lo que pudiera suceder; temor del que se huye cerrando los ojos a la realidad del momento.
Pero, el dueño de tu mente ere tú; si en lugar de anticipar lo negativo más inmediato, te fijas en los beneficios de actuar hoy en lugar de mañana, te será más fácil crear hábitos positivos y vencer la pereza que te impide moverte y que a la larga te hace sentir mal.
CLAVES PARA CONSEGUIRLO
1. Anticipa las consecuencias de la dejadez.
Analiza sus efectos negativos y piensa en los problemas que, antes o después, esa manera de actuar te puede acarrear.
2. Busca razones para hacer aquello que no dejas de posponer.
Piensa en las consecuencias positivas de realizar las cosas a tiempo. No se puede vivir con la agonía de tener siempre algo pendiente de hacer.
3. Piensa en los razonamientos que justifican los continuos aplazamientos.
Reflexiona. Intenta verte desde otro prisma, si fuera otra persona quien tuviera tantas dilaciones, ¿qué le dirías?
4. Si crees que lo necesitas, pide ayuda.
Es mejor que te ayuden, que dejarlo pasar si no te sientes con fuerzas para salir tú solo de la pasividad.
Revista Cuerpo de Mujer. Grupo Globos
Columna: Tu vales mucho
Autor: Silvia Sanz Garcia
Psicóloga Clínica
M- 12.738
La Culpa
La culpa parece tener pies propios, te persigue, te machaca y te martiriza una y otra vez con aquello que podrías haber hecho, pensado o sentido. No te deja en paz y llegas a creer que esa tortura te la tienes merecida; tanto es así, que permites que permanezca contigo, en ocasiones, de manera indefinida.
Si te preguntaras: ¿sentirme mal por algo que ha ocurrido en el pasado me va a ayudar a cambiar la situación?, quizá alejarías de tu cabeza ese sentimiento. Sin embargo, lo mantienes porque te han enseñado a sentirte de ese modo; parece que no sentir culpa significa no estar arrepentida. Se trata de ideas que están en nuestra cabeza por un aprendizaje cultural y no te planteas su función ni el beneficio que te aportan.
PARA QUÉ SIRVE
La culpa crea un sentimiento de malestar, te paraliza y te bloquea y además no te ayuda a mejorar la situación que la provocó, sino todo lo contrario: en lugar de solucionar un problema, tienes dos. Términos como “tendría”, “debería”, o “podría” aparecen en tu interior cuando te sientes culpable; un puñado de reglas inflexibles que te marcan sin que te des cuenta. Sustituir esos conceptos por otros más flexibles como “me gustaría”, “desearía” o “sería mejor” te ayudará bastante. Cuando cometes un error tienes que ser objetiva: como no puedes dar marcha atrás en el tiempo, lo mejor es ser transigente contigo misma, aprendiendo de los errores, pero sin martirizarse.
MEJOR RESPONSABILIZARSE
Frente a la culpa, es mucho más recomendable la responsabilidad. Ésta implica hacerse cargo de las consecuencias de algo, sin sentirse mal, bloquearse o ponerse la etiqueta de torpe. Deshacerse de la culpa es posible. Hay que tratar de asumir la parte de responsabilidad que nos toca y aprender de las cosas que nos suceden, actuando en consecuencia. Así, te sentirás mucho mejor y, sobre todo, libre de culpas.
Autor: Silvia Sanz Garcia
Modos de interpretar la realidad
No es la realidad la que marca la mayor o menor importancia de un hecho, sino nuestro modo de percibirlo.
En general, no respondemos automáticamente a los acontecimientos con los que nos enfrentamos cada día, sino que primero los procesamos mentalmente, después los valoramos según nuestra escala personal y, finalmente, creamos un sentimiento positivo o negativo en función de dicha valoración personal.
Tenemos dos formas de evaluar los sucesos que nos ocurren:
- Con pensamientos racionales, que se ajustan a la realidad, son ciertos y evidentes. Producen emociones moderadas y no interfieren en la consecución de nuestros objetivos.
- Con pensamientos irracionales, que no se pueden demostrar, son absolutos y están alejados de la realidad. Producen emociones intensas y negativas como ansiedad, depresión o culpa e interfieren en la consecución de los propios objetivos.
ADOPTAR UNA ACTITUD POSITIVA
Está en nuestra mano poder sentirnos bien, sólo tenemos que aprender a pensar de un modo más positivo, objetivo y adaptativo, interpretando adecuadamente la realidad. Ya se sabe: “Todo depende del cristal con el que se mire”.
El primer paso para empezar a ser más positiva ante la vida es localizar los pensamientos que nos hacen sentirnos mal, para intentar cambiarlos. Para pensar de un modo más racional puede ayudarte hacerte estas preguntas:
- ¿Qué datos tengo para pensar así?
- ¿Qué es lo peor que me puede ocurrir si lo que pienso es cierto?
- El pensar así, ¿facilita mis objetivos?
- ¿Me hace sentir bien?
- ¿Puedo ver las cosas de otro modo?
- Pensar de otra forma ¿me ayudaría?
Autor: Silvia Sanz Garcia
Abuelos, los grandes educadores
El modelo clásico de estructura familiar venía definido por la idea de que el padre es quien trabaja fuera de casa, y la madre, la que se queda en la misma al cuidado de los niños. Actualmente, cuando ambos trabajan es el abuelo el que, en muchos casos, se queda al cuidado de los hijos; les recoge en el colegio y les cuida en casa.
La ancianidad no siempre coincide con ser abuelo, puesto que algunos son realmente jóvenes. Pero, a pesar de esto, puede que hayan pasado por situaciones como la pérdida de seres queridos, la jubilación, el inevitable deterioro físico y demás situaciones que pueden hacer que se sientan vulnerables, solos o deprimidos. Cuando esto ocurre, y se pretende que respondan en la convivencia familiar como cualquier otro miembro, exigiéndoles responsabilidades, puede que ya no estén tan capacitados y se sientan fracasados. Más no tenerles en cuenta también les hace sentirse rechazados; por eso, en ocasiones, no sabemos cómo actuar para no caer en el exceso ó en defecto.
No obstante, ser abuelo puede ser una etapa de la vida tan feliz como otras. Muchas veces esto depende del propio proyecto de vida, pues aquellos que han desarrollado actividades gratificantes, diversificadas e intensas, y disfrutan de un equilibrio emocional, tendrán suficientes instrumentos para abordar satisfactoriamente esta etapa. Los abuelos cuentan con la gran ventaja de la experiencia, muy beneficiosa para la educación de los nietos, ya que es en la infancia cuando adquieren gran parte de las formas de comportamiento, costumbres, creencias y tradiciones. También pueden ayudar en el desarrollo de la personalidad y las aptitudes del niño, y cubrir las necesidades que tienen de relacionarse socialmente.
Los niños necesitan sentirse queridos y protegidos, y los abuelos pueden transmitir lo mejor que albergan dentro de sí mismos y ser parte importante del crecimiento de un niño (más allá de llevarles o traerles de casa al colegio).
Autor: Silvia Sanz Garcia
El Perfeccionismo
La superación de uno mismo es conveniente sólo cuando no se convierte en una obsesión que pueda generar insatisfacción y frustración.
No es malo ser curioso, querer experimentar y tener voluntad de superarse en cualquier ámbito, pero el perfeccionismo excesivo resulta paralizante, ya que el temor a fracasar puede conducir a no intentar nada. Cuando una persona llega a esta situación, su perfeccionismo la mantiene paralizada ya que se compara continuamente con los demás llegando a entablar una competencia neurótica que la conduce a una ansiedad excesiva.
Ser el número uno en todo
Este imposible es, sin embargo, el afán de personas que no suelen estar satisfechas al cien por cien con nada de lo que hacen; siempre piensan que podrían haberlo hecho mejor. Así, y dado su excesivo nivel de exigencia, su medida siempre está por encima de lo que son capaces de hacer.
Para aprovechar sus efectos positivos
- Acepta tus propias limitaciones. Fíjate metas y objetivos más modestos y realistas.
- No olvides que eres un ser humano falible e imperfecto, es decir, con derecho a equivocarte, por lo que es absurdo exigirte una perfección total.
- No te culpes cuando cometas un error. Más bien trata de aprender de los fallos cometidos para no volver a repetirlos en el futuro.
- Piensa que no se puede ser el mejor en todos los ámbitos de la vida, basta con que te esfuerces en destacar en alguna faceta.
- Valórate por el esfuerzo realizado según tus propias limitaciones, más que por los resultados obtenidos. Si te dejas llevar por un perfeccionismo excesivo, éste se convertirá en un tirano que te hará creer que tu valía está en función de las cosas que haces y no de lo que eres en realidad.
De Cenicienta a Princesa
Cómo superar tu miedo a la gente y ganar amigos
¿Te aterran los actos sociales? ¿Conocer gente nueva? ¿Sacar tema de conversación? ¡Deja tu complejo en casa!
Si alguna vez has estado a punto de no acudir a una fiesta porque pensabas que ibas a ser incapaz de disfrutar, tienes que empezar a diferenciar entre tus gustos y tus miedos.
Puede que sea verdad que no t gustan las aglomeraciones, pero quizás evitas las fiestas por otros motivos diferentes, aunque predomina, básicamente, el miedo: a hacer el ridículo, a no saber cómo actuar o a lo que los demás piensen de ti. Para poner fin a tus temores sólo hay una solución: ir a esa fiesta.
Lo que funciona ante un miedo es exponerse a él: cuanto más lo evitas, más crece el temor; y cuanto más te enfrentas, más dominas el miedo. Contactar con otras personas siempre vale la pena. Al hacerlo, no sólo descubrimos otros enfoques y maneras de ver las cosas, sino que aprendemos a conocernos mejor.
Llegas a la fiesta y… ¿qué haces?
- Entra con seguridad, mirando a tu alrededor, observando detalles y gente.
- Saluda al anfitrión o a algún conocido, pero no te quedes apalancada en la protección que te brinda unirte a ellos. Muévete aunque te cueste.
- Si no sabes qué hacer, colócate cerca de una persona que esté sola (y habla con ella), de la música (echa un vistazo a los discos) o de la barra (ponte una copa y ofrécete a servirle otra a alguien).
- Si alguien te mira, mantén la mirada un segundo, sonríe y luego dirígela hacia otras personas. Si lo desea se acercará, porque le has lanzado señales positivas.
- Mantén una postura relajada, pero firme: espalda recta, hombros hacia atrás y manos sueltas. ¡Y sonríe!
Sin extravagancias
- No es el momento de introducir cambios en tu pelo, maquillaje o vestuario. Si te compras algo nuevo, póntelo en casa y familiarízate con ello.
- El interior es lo más importante: tu imagen no sólo es lo que llevas puesto, sino lo que transmites con tu expresión, mirada, gestos y postura. ¡Relájalos!
- Juega con los colores: si quieres estar elegante y no llamar mucho la atención, elige el negro. Para dar una imagen vital, ponte algo rojo. Y para parecer serena, el blanco.
- La actitud es importante: piensa que tú vales mucho y recuerda tus puntos fuertes.
Si te aborda un desconocido, sé natural
- Sostén la mirada cuando la otra persona te esté hablando. Si te cuesta mirarle a los ojos todo el rato, recorre con la vista su cara de vez en cuando: frente, nariz, mejillas, boca y barbilla.
- Otro truco es dirigir la mirada al entrecejo de tu interlocutor: él tendrá la sensación de que le miras a los ojos, y tú no te sentirás violenta.
- Escucha atentamente y de forma activa: asiente con la cabeza, repite lo último que te ha dicho, hazle preguntas… A todo el mundo le gusta ser escuchado.
- Si no sabes qué decir, decídete por hacer comentarios sobre el ambiente o motivo de la fiesta, o sobre algunas de las personas que ambos conocéis. Pero ¡no se te ocurra criticar a nadie!
- Opta por preguntas abiertas, que no se respondan con monosílabos, para iniciar una conversación fluida.
¿Quieres conocer a alguien? Es fácil. Hazlo así:
- Acércate a la persona con la que te interesa entablar conversación y saluda con la máxima naturalidad: mírala a los ojos, sonríe, relájate y no te aproximes demasiado. ¡Que no se sienta incómoda!
- Preséntate y di algo sencillo a continuación, para romper el hielo. Por ejemplo: “¿Cómo te llamas tú?”, “¿De qué conoces al anfitrión?” o “¿Te tomas una copa conmigo?”
- Escucha atentamente las respuestas del otro, sin interrumpirle.
- Prosigue con algún comentario intrascendente, aprovechando cualquier anécdota que ocurra en la fiesta, y pasa poco a poco a temas más personales, así podrás comprobar si congeniáis.
- Si el otro no parece muy interesado en tu conversación, ¡no pasa nada! Despídete y ponte a hablar con otra persona. Es imposible gustar a todo el mundo, así que no te lo tomes como algo personal. Además, puede que seas tú la que al final no esté interesada en él.
¿Un ataque de ansiedad? ¡Contrólalo respirando!
- Cuando nos ponemos nerviosas, nos invaden pensamientos que generan ansiedad. La mayoría son irracionales: “me van a rechazar” o “Se están riendo de mí”.
- Llegan a provocar síntomas físicos: respiración agitada, bloqueo mental, torpeza, dolor de estómago, tartamudeos, temblor, etc. Pero puedes controlarlo.
- Antes de escapar, haz esto: respirar hondo para controlar los nervios y cortar los pensamientos dañinos, tratando de distraerte con la música, la conversación o algún detalle del ambiente.
- Prueba a alejarte por unos minutos: ve al baño o al balcón. Cuando estés más calmada, regresa y date cuenta de que nadie se está burlando de ti.
- ¡Lánzate! ¿Por qué no pruebas a hacer aquello que más corte te da? Bailar en el centro de la sala o contar un chiste.
Llega la hora de la retirada: ¡que no te dé el bajón!
- ¿Estás agotada y quieres irte a casa? Ante todo, despídete del anfitrión, agradécele la invitación, dile que te lo has pasado bien y felicítale por la fiesta, pactando un próximo encuentro.
- Si aún no te sientes muy suelta, márchate antes de que la fiesta decaiga: dejarás un buen recuerdo. Además, te evitarás pasar por un posible momento de “bajón” al final de la noche.
- Di adiós a la gente con la que has hablado. Si te apetece volver a verlos, déjales tu número de teléfono o tu correo electrónico, y asegúrales que te encantaría quedar algún día. Así dejarás huella.
- Por último, ¡felicítate a ti misma! Has sido capaz de exponerte a tus miedos. Significa dar un paso muy grande, y no importa tanto cómo te lo hayas pasado, sino el hecho de intentarlo.
ERES TU MEJOR ALIADA. ¡CRÉETELO!
| Si piensas… | Sustitúyelo por… |
|---|---|
| No voy a saber comportarme | ¿Qué pruebas tengo para pensar esto? Si sé comportarme en otras situaciones en esta también. |
| No sabré que decir | No puedo saber qué tipo de conversación surgirá. Es posible que se hable de temas que conozco. |
| No iré adecuadamente vestida | No hay un modo único y perfecto de vestirse. Lo importante es que me sienta cómoda. |
| Se reirán de mí | No tienen motivos. Si se ríen, es probable que sea porque algo que yo comente y ls resulte gracioso. |
| Seré el centro de todas las miradas | Si eso ocurre, puede ser porque les guste, o porque no me han visto antes y sienten curiosidad. |
| Resultaré aburrida | ¡No soy aburrida! Sólo me cuesta relacionarme al principio. Cuando estoy en confianza soy agradable. |
| Nadie querrá hablar conmigo | Hasta que no llegué el momento no lo sabré. Puedo tomar la iniciativa y acercarme. |
Controlar los Impulsos
Los impulsos son acciones que se realizan de modo irreflexivo y que se convierten en actos descontrolados, que pueden ir en perjuicio de nuestro bienestar.
Existen varias formas de comportamientos irracionales que se clasifican como trastornos del control de los impulsos; los más frecuentes son la cleptomanía (tendencia a tomar pertenencias ajenas), la piromanía (impulsos a provocar incendios y a presenciarlos), el juego patológico y las crisis ocasionales de violencia.
Todos estos comportamientos tienen en común que:
- el acto es socialmente indeseable;
- el deseo o impulso es muy frecuente;
- fracasan los intentos de resistirlo.
Generalmente, el impulso se experimenta por un aumento de la activación o tensión, culminando en un acto que se siente como alivio o gratificación, sintiendo en la mayoría de los casos culpa o remordimiento después.
¿CÓMO CONSEGUIRLO?
- Para llegar a controlar tus impulsos tienes que empezar por reconocer que existe un problema.
- Haz una lista de las consecuencias negativas y positivas de la conducta que quieres controlar.
- Elige actividades alternativas apropiadas que cumplan esas funciones.
- Intenta darte cuenta de los pensamientos y de las sensaciones físicas asociadas a la conducta impulsiva.
- Aprende a relajarte; una respiración pausada te ayudará a reducir la sensación subjetiva de tensión.
- Piensa en las consecuencias a largo plazo de tu conducta.
- Revisa tus creencias irracionales respecto al tipo de descontrol de impulsos.
- Si después de estos consejos no lo has logrado y las consecuencias de tu descontrol empiezan a minar tu vida, busca ayuda profesional.
Controla tu Vida
Es comprensible que respetemos a los demás, pero ¿hasta qué punto?
En ocasiones, respetamos tanto a los otros que perdemos de vista el respeto por nosotras mismas. Son esas en las que no nos importa el sacrificio que hacemos, puesto que la otra persona es importante para nosotras. Y no pasa nada si esto ocurre esporádicamente, pero si se convierte en algo habitual y estamos constantemente haciendo cosas que no nos gusta hacer, llega un momento en que esa actitud pasa factura: nos sentimos irritables, perdemos la propia estima porque no nos consideramos importantes, y quizás hasta estemos perdiendo la estima y el respeto de los demás.
Este modo de actuar se denomina pasivo.
Las personas, en sus relaciones con otras, pueden mostrarse pasivas, asertivas o agresivas. La persona pasiva piensa que todo el mundo es mucho más importante que ella. La agresiva se coloca así misma por encima de los demás. La asertiva sabe respetarse a sí misma y se coloca en un plano de igualdad con los otros, se siente bien, percibe que controla su vida, que no manipula a los demás ni deja de ser ella misma, y hace lo que quiere hacer, respetando a quien tiene en su entorno.
Sea cual sea nuestro estilo de conducta, siempre es posible cambiarlo.
Para mejorar, debemos proponérnoslo seriamente y estar dispuestas a asumir riesgos, incluso si ello nos enfrenta con la incomprensión y el rechazo de quienes nos rodean.
Cambiar Esquemas
¿Cuándo fue la última vez que te sentiste satisfecha contigo misma, feliz de ser como eres, tan optimista que te sentirías capaz de mirar a tu alrededor y verlo maravilloso?
Pequeñas etiquetas
Cuando nos sentimos incapaces de hacer un trabajo porque nos sale algo mal, por ejemplo, no significa que seamos malos en nuestra labor, quizás estamos centrando toda nuestra atención en eses fallo y olvidamos el reto de cosas que hacemos bien. Pregúntate si es cierto que TODO lo haces mal. ¿Cuántas cosas haces bien? Quizás estás fijando tu atención sólo en un diez por ciento de tus capacidades como persona y le estás dando tanta importancia, que están oscureciendo el resto, es una valoración mermada de un todo, seguramente haces muchas cosas bien y tienes muchas capacidades positivas que estás pasando por alto. ¿Por qué se verá tan negativo echarse flores a uno mismo y está al orden del día recriminarse constantemente?
Los niños en vacaciones
La Navidad es una época del año en la que los niños pasan más tiempo en casa, sólos o con sus padres. Son éstas unas pequeñas vacaciones que pueden ser muy beneficiosas par nuestros hijos, pero también perjudiciales. Educarlos es una tarea difícil, una de las más complicadas e importantes. Posiblemente, cada padre se plantea una forma de educación y una serie de detalles que considera importantes para crear normas y exigencias, pero ante todo, el niño se forma y aprende a partir de sus vivencias. De ésto se desprende la importancia del ambiente en el que se cría el niño y que depende enteramente de los padres.
Cuando los pequeños juegan con sus abuelos, hermanos, padres o solos, están desarrollando una actividad que les ayuda a su crecimiento intelectual, afectivo, psicológico y social. El juego es una necesidad vital que le enseña cosas, entretiene y ayuda a relacionarse con otras personas. Los juguetes, son importantes en esta tarea divertida y didáctica, además en la espera de los regalos también hay un componente positivo: aprenden a tener paciencia, se fomenta el deseo y la ilusión.
Por otra parte, existe otro aspecto algo menos beneficioso de las vacaciones y ese es que los niños suelen pasar muchas horas delante del televisor. Ocurre con más frecuencia cuando están saturados de regalos, cuando obtienen todo lo que desean casi sin expresarlo y, por consiguiente, sienten menos ilusión por la Navidad.
Los padres suelen tener gran parte de responsabilidad en esta actitud negativa de sus hijos. Es necesario pensar que todo el tiempo que están con la mirada fija en la pantalla de la tele, el niño permanece inmóvil, pasivo y en silencio. Es decir, no habla, no imagina, no lee, no crea, no juega, no se relaciona. La televisión es un medio unidireccional, envía mensajes sin que exista posibilidad de réplica, ejerce un efecto decisivo sobre los pequeños que aún no tienen capacidad de crítica y que dan por bueno todo cuanto ven ya que suelen incorporar toda esa información a su personalidad. Sin embargo, si están acompañados por un adulto que le explique con lógica y claridad todo lo que no entiende, aprenderá a razonar y a valorar.
La Navidad se puede vivir de muchas maneras, pero lo ideal, que duda cabe, es disfrutarlas en unión familiar y compartiéndola con padres, amigos y familiares. La gran lección que dejan estas fiestas es el aprendizaje de la ilusión y el disfrute del tiempo de juego. Ha llegado el momento de que los chiquitines de la casa aprendan nuevas experiencias.
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